El compromiso de DARA con la acción humanitaria es promover respuestas que se adapten de manera efectiva a las necesidades de las comunidades más afectadas por conflictos y desastres naturales.
El trabajo de DARA en el área humanitaria sigue los siguientes PRINCIPIOS DE ACCIÓN HUMANITARIA
1. El imperativo humanitario:
El sufrimiento del ser humano debe ser tratado donde quiera que se encuentre, con particular atención a la población más vulnerable -niños, mujeres, desplazados y ancianos. La dignidad y los derechos de las personas que necesitan asistencia humanitaria deben ser respetados y protegidos. El imperativo humanitario implica el derecho a recibir ayuda humanitaria y el derecho a ofrecerla. Ocasionalmente, el acceso humanitario a las poblaciones civiles puede ser negado por las autoridades por razones políticas o por motivos de seguridad. Las agencias humanitarias deben, en este caso, mantener su capacidad de obtener y de sostener el acceso a todas las poblaciones vulnerables y de negociar tal acceso con las partes del conflicto.
2. Neutralidad:
El ejercicio adecuado del trabajo humanitario exige contar con la confianza de todas las partes implicadas en la crisis. Por esta razón, no se debe apoyar a ninguna de ellas ni implicarse en ninguna controversia basada en la identidad política, racial, religiosa o ideológica. La transparencia y la franqueza son cuestiones claves para guardar neutralidad. Para una organización que ha adquirido un acercamiento basado en derechos, la neutralidad no deber ser, sin embargo, un obstáculo para abordar las violaciones de los derechos humanos. La neutralidad no es una justificación para perdonar con impunidad o dar la espalda a los abusos notorios de los derechos humanos. No niega la necesidad de una cierta forma de acción, ya sea con defensa estratégica, simple presencia, iniciativas políticas, negociaciones locales, etc.
La neutralidad también requiere que los agentes humanitarios sean claros sobre las circunstancias específicas y limitadas en las cuales los activos militares pueden ser utilizados: sólo como último recurso (donde hay alternativa civil comparable); la operación en su totalidad debe permanecer bajo la autoridad y control de la organización humanitaria responsable; y cualquier uso de activos militares se debe limitar claramente en tiempo y espacio. Los activos de la defensa militar y civil de las fuerzas beligerantes no se deben utilizar nunca para apoyar actividades humanitarias.
3. Imparcialidad:
La imparcialidad no legal supone servir a gente o tomar decisiones sobre la gente basadas exclusivamente en sus necesidades, sin considerar su nacionalidad, raza, creencias religiosas, clase social u opinión política.
La ayuda se entrega a todas las personas que estén sufriendo, con el objetivo de responder de manera efectiva a sus necesidades. La delimitación de las necesidades vendrá determinada por los derechos humanos. Este principio incluye tanto la proporcionalidad de la necesidad –donde haya suficientes recursos, la prioridad se da siempre a las personas más afectadas- como el principio de no discriminación –nadie debe sufrir discriminación basada en su sexo, edad, pertenencia étnica, identidad, etc. Es crucial destacar la responsabilidad del Estado en la entrega de la ayuda, de manera imparcial.
4. Responsabilidad:
Los actores humanitarios deben rendir cuentas tanto a quienes asisten como a quienes les ofrecen recursos. Todo lo relacionado con donantes y beneficiarios debe reflejar una actitud de apertura y transparencia, reconociendo la necesidad de informar sobre las actividades tanto desde el punto de vista financiero como desde la perspectiva de la efectividad.
La responsabilidad implica tres dimensiones: procesos a través de los que individuos, organizaciones y Estados toman decisiones que afectan a otros; mecanismos a través de los cuales individuos, organizaciones y Estados intentan explicar sus decisiones y actuaciones; procesos a través de los cuales individuos, organizaciones y estados consiguen fomentar conciencia y preocupación sobre las consecuencia de las actuaciones y decisiones de otros.
Hay cuatro actores principales en la disposición de la ayuda: la comunidad beneficiaria; la autoridad nacional/ local; el donante y la agencia que implementa la ayuda. Dentro de esta relación, las agencias internacionales de la ayuda serán responsables, ante las comunidades beneficiarias, de que sus necesidades de ayuda y protección se satisfagan, con dignidad; y los donantes, de que la ayuda se proporcione con el propósito propuesto; la coordinación entre organizaciones es un elemento básico de este principio. Las autoridades nacionales/ locales, por su parte, serán responsables de la protección, seguridad y bienestar de las poblaciones.
5. Participación de las poblaciones afectadas, principalmente mujeres y niños:
La acción humanitaria debe centrarse en las necesidades de la comunidad beneficiaria; debe ofrecer una ayuda sostenible que garantice el derecho de las poblaciones afectadas a participar en las decisiones que afectan a sus vidas. No obstante, es importante fortalecer capacidades de la comunidad afectada y promover la participación de los beneficiarios en todo lo que se hace.
6. Respeto por la cultura y las costumbres:
Es importante conocer las costumbres y tradiciones locales para entender valores específicos a la hora de conectarlos con los derechos humanos, internacionalmente reconocidos. Mientras que la cultura y las costumbres locales varían, los derechos humanos son universales y aplicables a todos los seres humanos. Algunas intervenciones requieren una sensibilidad particular hacia las costumbres locales.