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La coordinación humanitaria, más que una suma de fuerzas

“Contribuir responsablemente, y sobre la base del reparto de la carga, a los Llamamientos Inter-agenciales Consolidados de las Naciones Unidas y a los Llamamientos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y Media Luna, y apoyar activamente la formalización de Planes de Acción Humanitaria Común, como instrumento primordial de planificación estratégica y de coordinación de emergencias complejas”.

Principio 14 de los Principios y Buenas Prácticas en la Donación Humanitaria

La sentencia que dice que la unión hace la fuerza gana un significado relevante en la implementación de las actuaciones humanitarias. La coordinación entre los distintos actores es fundamental para la consecución de resultados que respondan de manera rápida, eficaz y flexible a las necesidades de las personas afectadas por las crisis. Así lo recogen los Principios de Buena Donación Humanitaria que, en su principio número 14, refuerzan la necesidad de contribuir activamente a los llamamientos de la ONU y del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. También se destaca la importancia del apoyo a los Planes de Acción Humanitaria Común, como mecanismo básico de coordinación y planificación de las actuaciones en emergencias complejas.

Veamos qué son y qué significan estos instrumentos. A principios de la década de los 90 se inicia un proceso de reflexión en torno a la acción humanitaria. Fruto de esta tendencia, en 1992, surgen los “Llamados Consolidados de Naciones Unidas” (CAP, en sus siglas en inglés), dependientes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). El CAP es un mecanismo a través del cual se solicita ayuda para las distintas crisis; pero, además, es una herramienta que los actores humanitarios pueden utilizar para planear, implementar y evaluar sus actividades de manera conjunta y en coordinación con los gobiernos. El lanzamiento de un CAP exige la realización previa de un Plan de Acción Humanitaria Común específico para cada emergencia humanitaria. Este plan no es otra cosa que un análisis estratégico sobre el contexto en el que la crisis se produce; es decir, cuáles son las necesidades prioritarias; quiénes son los actores implicados y sus responsabilidades; cómo realizar una planificación a medio o largo plazo que permita establecer objetivos y resultados; o cómo estructurar un marco de evaluación y revisión, en caso que sea preciso. Desde que fue creado, cada año el CAP ha solicitado 3.100 millones de dólares y ha recibido 2.100. Esto significa que ha recaudado el 68% de la ayuda demandada. Aunque la contribución de los donantes podrías ser más elevada y, por lo tanto, más adecuada a las necesidades de las personas afectadas, podemos decir que es un instrumento relevante de actuación conjunta de los actores humanitarias.

A finales de 2005, se produjo otro paso importante para la coordinación de respuestas humanitarias. En aquel momento, el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, agencias de Naciones Unidas y tres grandes federaciones de ONG, establecieron una nueva forma de trabajo denominada modelo de coordinación sectorial (cluster approach). Se crearon entonces nueve grupos de trabajo en áreas para las que se estimó necesario un refuerzo de las capacidades de respuesta.

Actualmente el número de estos grupos se ha elevado a once, que cubren los sectores de agricultura; nutrición; salud; agua, saneamiento e higiene; asentamiento de emergencia; coordinación de campamentos; recuperación rápida; logística; protección; telecomunicaciones de emergencia; y educación. Cada uno de los sectores es coordinado por una agencia de la ONU.

La organización de este modo de actuación se basa en la división de funciones entre los actores implicados, así como en la definición de los roles y responsabilidades de cada uno de ellos. En marzo de 2006, se realizó el primer llamado específico partiendo de esta nueva perspectiva por un valor de 39 millones de dólares; las respuestas ofrecidas a las crisis sufridas en 2006 por Líbano y Paquistán, entre otras, respondieron a este esquema.

Instrumentos de la Cruz Roja

A estos instrumentos creados por Naciones Unidas, hay que añadir los propios del Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. El mecanismo principal de la Cruz Roja para la obtención de fondos con destino a las actuaciones de emergencia es el conocido como Llamamiento de Emergencia. Al final de cada año el Comité Internacional de Cruz Roja lanza un llamamiento de emergencia para realizar las actividades previstas en el terreno durante los próximos doce meses. Sin embargo, es posible que a lo largo del año, como consecuencia de acontecimientos imprevistos, tengan que realizarse otros llamamientos que amplíen los presupuestos iniciales. En ese caso, a las solicitudes del Comité Internacional pueden unirse las propias de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja. A unas y otras contribuyen organismos gubernamentales y no gubernamentales, empresas e individuos que voluntariamente aportan recursos económicos a los fondos permitiendo, de esta forma, contar con fuentes de financiación suficientes.

La acción humanitaria se encuentra en un proceso de reforma que exige la implicación de todas las partes. La creciente pluralidad de actores, el surgimiento constante de emergencias, la diversidad de contextos exigen respuestas cada vez más complejas y coordinadas que combinen las contribuciones de unos y otros. La complementariedad de actores y actuaciones se constituye en una pieza clave en este nuevo escenario en el que no siempre uno más uno es simplemente dos.

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